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TITULOS
EL LUGAR DE TODAS LAS RESPUESTAS
RELATOS
El
arco, la flecha y el blanco
Todos
somos arqueros de la voluntad Divina. Por lo tanto, es indispensable conocer los
instrumentos que tenemos a nuestra disposición.
El
arco
El
arco es la vida: de él viene toda la energía.
La flecha un día partirá. El blanco está lejos. Pero tu vida siempre
permanecerá junto a ti, y hay que saber cuidarla.
Necesitas periodos de inacción; un arco que está siempre armado, en estado de
tensión, pierde su potencia. Por lo tanto, acepta el reposo para recuperar tu
firmeza. Así, cuando estires la cuerda, tu fuerza estará intacta.
El arco no tiene conciencia: es una prolongación de la mano y el deseo del
arquero. Sirve para matar o para meditar. Por ello, debes ser siempre claro en
tus intenciones.
Un arco tiene flexibilidad, pero también tiene un límite. Un
esfuerzo más allá de su capacidad lo romperá, o dejará exhausta la
mano que lo sostiene. Del mismo modo, no exijas de tu cuerpo más de lo que te
pueda dar.
Y recuerda que un día llegará la vejez, y eso es una bendición, no una
maldición.
Para mantener el arco abierto con elegancia, haz que cada parte dé de sí sólo
lo necesario, y no disperses tus energías. Así podrás disparar muchas flechas
sin cansarte.
La
flecha
La
flecha es tu intención. Es lo que une la fuerza del arco con el centro del
blanco.
La intención del ser humano tiene que ser cristalina, recta, bien equilibrada.
Una vez que la flecha parta, no volverá. Por lo que, si los movimientos que te
han llevado a través del proceso no han sido precisos y correctos, es mejor
interrumpirlo y no actuar precipitadamente sólo porque el arco ya
está tenso y el blanco espera.
Pero nunca dejes de manifestar tu intención si lo único que te detiene es el
miedo a errar. Si hiciste los movimientos correctos, da los pasos necesarios y
acepta el reto, abre la mano y suelta la cuerda. Aunque no des en el blanco,
sabrás afinar la puntería la próxima vez.
Si no te arriesgas, nunca sabrás qué cambios eran necesarios.
El
blanco
El blanco es el objetivo que hay que
alcanzar.
Lo escogiste tú. En eso reside la belleza del camino: no puedes nunca
disculparte diciendo que el adversario era más fuerte, pues fuiste tú quien
escogió el blanco, y tuya es la responsabilidad.
Si ves en el blanco a un enemigo, puede que aciertes el tiro, pero no te mejorarás
en nada a ti mismo. Te pasarás la vida simplemente intentando colocar una
flecha en el centro de una cosa de papel o madera, algo completamente inútil. Y
cuando estés con otras personas, te quejarás de que nunca hiciste nada interesante.
Por eso, tienes que escoger tu objetivo, dar lo mejor de ti para alcanzarlo,
tratándolo con respeto y dignidad: tienes que saber qué significa y cuánto
esfuerzo, entrenamiento e intuición te ha exigido.
Al mirar al blanco, no te concentres en él; mira todo lo que sucede a tu
alrededor, porque la flecha, al ser disparada, se encontrará con
factores con los que no has contado, como el viento, el peso, la
distancia.
El objetivo sólo existe en la medida en que un hombre es capaz de soñar con
alcanzarlo. Lo que justifica su existencia es el deseo, sin el cual sería una
cosa muerta, un sueño distante, una fantasía.
Así, del mismo modo que la intención busca su objetivo, el objetivo también
busca la intención del hombre, pues es él quien da sentido a su existencia: ya
no es sólo una idea, sino el centro del mundo de un arquero.
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Los
Cinco Sentidos
Hace ya muchos años, cuando
cursaba el profesorado de Yoga, cada alumno debía presentar un trabajo para
Anatomía. Como lo que se estaban tratando eran los sentidos, una compañera
presentó este escrito y yo hoy recordándolo, quisiera compartirlo con Uds.
De chica, de tanto que me
gustaban, hubiera querido que los cinco sentidos fueran muchos más. Los aprendí
en la escuela. Ese año aprendí casi todas las cosas que vienen de a mucho,
como los dedos de las manos, los días de la semana, los puntos cardinales y los
colores.
Había cosas que eran de a
siete como los colores y los días de la semana.
Otras eran de a cinco como los
dedos de las manos y los sentidos.
Los dedos de las manos parecían
alcanzar bien para lo que tenían que hacer pero los sentidos, no.
Casi todos estaban en la
cabeza, mejor dicho todos, menos el tacto que estaba en todo el cuerpo aunque
mucho más en las manos.
Eso estaba bien porque sería
muy difícil saber si algo era muy liso o áspero teniendo que tocarlo con los
hombros o con los talones que sirven mejor para otras cosas.
Me parecía que no alcanzaban,
sobre todo cuando alguien me decía “¿escuchaste ese ruido?”. Yo decía que
no y no entendía que estando en el mismo lugar uno escuchara y el otro no, si
cada uno tenía sus propios oídos.
Era como si los sentidos
estuvieran ocupados en otra cosa y no dieran abasto.
Casi todos los sentidos vienen
de a dos. Los ojos, los oídos, los agujeritos de la nariz. Menos la lengua.
Ella es la única para todo lo del gusto y yo pensaba que no debíamos precisar
dos porque sino también tendríamos dos.
Es el órgano de los sentidos
que descansa más.
Uno no come todo el tiempo y la
saliva no tiene gusto a nada. En cambio, los ojos y los oídos están siempre
haciendo cosas para todos lados.
La lengua siempre me llamó la
atención porque además de trabajar ella sola para el gusto, también trabaja
para hablar.
Hablar tiene que ver con casi
todos los sentidos, porque uno habla de lo que ve, de lo que oye. Pero también
de lo que uno siente más adentro.
Acá era donde también me
parecía que faltaba un sentido. Uno que no estuviera tan sobre el cuerpo ni tan
a la vista, sino un poco más adentro.
Un sentido por ejemplo, para
mirar lo que no se ve.
En esa época también me
preocupaba no saber que hacían los cinco sentidos cuando yo dormía. Me daba
cuenta que ellos servían solo cuando uno estaba despierto y me empezó a dar
miedo dormir y quedarme sin sentidos.
Me dormía con la luz prendida
y la puerta abierta.
El sentido de la vista seguía
funcionando hasta lo último junto con el del oído, que escuchaba todo lo que
pasaba en la cocina o en el cuarto de ellos.
El olfato y el gusto no se
precisaban para nada cuando me iba a dormir. Sin embargo, de tanto dar vueltas
en la cama sin poder dormir, se me arrugaban las sábanas y me destapaba y el
tacto de la espalda y el de los pies me molestaban un poco.
Cuando me despertaba al otro día,
los cinco sentidos se ponían enseguida a hacer cosas.
Entonces yo estaba segura de
que lo más maravilloso que ellos tenían era que estuviesen siempre todos la
vez y conmigo.
Una vez que mi mamá no estaba,
hice pruebas hice pruebas con el sentido del oído…Gritaba no con palabras,
sino con gritos gruesos o finitos, abriendo la boca con a o con i. Me gustaba cómo
el oído de cada lado escuchaba todo eso.
Me encantaba el sentido del oído
cuando llovía y el sentido de la vista cuando estaba en la playa. Me gustaban más
todavía cuando se juntaban para una misma cosa, como por ejemplo para ver y oír
llover en playa.
El olfato no era un sentido un
sentido que me gustara mucho porque hacía oler cosas feas que uno no quería
oler. El olor venía igual aunque uno se tapara la nariz.
Una
cosa que me gustaba del olfato y yo se lo agradecía mucho era que cuando un
remedio era feo, yo me tapaba la nariz y el gusto no se sentía.
Taparse la nariz no servía
mucho con los olores feos pero servía para los gustos feos. Ahí me parece que
el olfato le ganaba al gusto.
Lo
mejor el olfato era más importante para los perros que no lo usaban tanto para
oler sino para olfatear.
En realidad, todos los sentidos algunas veces nos hacían sentir cosas feas.
Por lo menos a mí no me
gustaba ver un pajarito muerto.
Ni comer papas con perejil.
Ni tocar con la punta del dedo
una lombriz.
La punta del dedo casi siempre
alcanza para sentir asco por alguna cosa.
O para sentir cosas ricas como
el dulce de leche.
Comer dulce de leche con la
punta del dedo debe ser más rico porque el gusto y el tacto se juntan para lo
mismo.
De chica, yo no me cansaba de
pensar cosas de los cinco sentidos.
Me gustaba cuando alguno de los
míos se juntaban con los mismos de otra persona. Por ejemplo cuando miraba con
mi mamá como se abrían a la tardecita las flores de Don Diego de la Noche.
O cuando fuimos a pescar con mi
papá y escuchábamos el ruido del agua en la escollera…
Cuando tenga hijos, estoy
segura de que mis cinco sentidos van a estar de nuevo asombrados de todo.
LIA SCHENCK
Autor
original
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Palabras
Todo
lo que hay que saber sobre como vivir, que hay que hacer y como debo ser, lo
aprendí en el jardín de infantes. La sabiduría no estaba en la cima de la
montaña de la Universidad, sino en el arenero. Estas son las cosas que aprendí.
Compártelo
todo.
Juega limpio.
No le pegues a la gente.
Vuelve a poner las cosas
donde las encontraste.
Limpia siempre lo que ensucies.
No te lleves lo que no es tuyo.
Pide perdón cuando lastimes a
alguien..
Lávate
las manos antes de comer.
Sonrójate.
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Vive
una vida equilibrada: aprende
algo,
piensa en algo, dibuja y pinta
Y
canta y baila y juega y trabaja
cada
día un poco.
Las
galletitas calientes y la leche
fría
son buenas.
Duerme
la siesta todos los días.
Cuando
salgas al mundo, ten cuidado
con
el tráfico, tómate de las manos
y
no te alejes.
Permanece
atento a lo maravilloso.
|
Recuerda
la pequeña semilla en el
vaso.
Las raíces bajan, la planta
sube
y nadie sabe realmente cómo
ni
porqué, pero todos somos así.
Los
peces de colores, los hámsters
los
ratones blancos, e incluso la
pequeña
semilla del vaso, todos
mueren.
Y nosotros también.
Finalmente,
recuerda siempre una
de
las primeras palabras que aprendiste,
la
más grande de todas: ¡mira!
|
Robert
Fulghum, cantante, pintor y filósofo, es autor del libro: Todo lo
que hay que saber, lo aprendí en el jardín de infantes (ideas no comunes
sobre cosas comunes)
Esto
es lo que Fulghum denomina su credo personal.
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Reflexiones
Si
Dios nos permitiera pasar a través de nuestras vidas
sin
obstáculos, nos dejaría lisiados, no seríamos tan fuertes como
podríamos
haber sido y nunca podríamos volar.
Pedí
fuerzas…y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte.
Pedí
sabiduría…y Dios me dio problemas para resolver.
Pedí
prosperidad…y Dios me dio un cerebro y músculos para trabajar.
Pedí
coraje…y Dios me dio obstáculos que superar.
Pedí
amor…y Dios me dio personas para ayudar.
Pedí
favores…y Dios me dio oportunidades.
No
recibí nada de lo que pedí…
Pero
recibí …todo lo que precisaba
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EL
PODER DE LA HERIDA
Quirón
fue hijo de Saturno en la Mitología, su aspecto era el de un centauro,
mitad superior hombre y mitad inferior caballo, a éste ser le fue
dada la facultad de sanar, con sus manos, su mirada, su palabra. Un día,
andando por un camino, se encontró con la Hidra, un monstruo mitológico
de gran tamaño y fuerza, quien no medió tiempo para atacar al centauro
con ferocidad; en la pelea Quirón quedó herido en su nalga derecha (en
su parte instintiva, de animal), herida ésta que permanentemente supuraba
y que no encontraba alivio ni sanación. Cuentan que en su caminar, siendo
reconocido como uno de los mejores y más sabios curadores, se encontró
un día con su hermano Zeus, a quien le suplicó que ya que él era el rey
del Olimpo, y todo lo sabía, le diera alguna clave de aquella herida, que
además de dolorosa, la sentía injusta, ya que él había dedicado su
vida al bienestar de los demás. Su hermano le contestó: -
“Tu herida es
una fuente de luz y así tienes que verla, te está enseñando tres cosas
que te harán un mejor sanador:
1) Saber cuánto
duele la herida que curas,
2) Mostrar tu
herida para, desde ella, pedir también ayuda y
3) Saber que una
herida es también, y sobre todo, una oportunidad.”
Cuando Quirón
escuchó esto se rebeló ante lo que le pareció una tontería, para algún
tiempo después morir víctima de su misma herida.
Todos estamos llenos de heridas que siguen doliendo cuando la tocamos, de
dolores que nos han permitido crecer y ver las cosas de otra forma. Acá
vivimos para esconder nuestras heridas y aparentar una invencibilidad o un
falso poder que nos encierra en una armadura que, de sólo verla,
cualquiera huiría despavorido. Esta armadura se llama status,
estabilidad, triunfo, éxito... y sólo esconde ese ser sensible y lleno
de luz que albergamos en lo más profundo. Las heridas, de vez en cuando,
nos llaman la atención, por eso vivimos encerrados en ciclos que se
repiten inalterablemente para recordarnos cosas a las que, de seguro, no
prestamos atención.
Pero lo que sí es inevitable es que nuestra alma nos grita que
aprovechemos la luz y el poder de esas heridas. Un ser herido es alguien
que recuerda su humanidad, y con ella el milagro de la vida, que cuando
habla ya no necesita cubrirse, ni defenderse, ni aparentar, hay demasiado
dolor para eso. Es en estas circunstancias cuando los seres ofrecen lo
mejor de ellos, de allí nacen las creaciones más sublimes, los amores más
entrañables, las relaciones más sinceras, los pensamientos más
sensibles. Con y por la herida nos llenamos de luz y ya no damos la mano
desde un gigante a un enano, sino desde un hombre a otro. El gran
aprendizaje de los pueblos se ha realizado en el dolor, porque éste no
nos deja voltear, nos mantiene ahí, en nuestra más sensible humanidad. Y
sólo cuando encontramos la luz, la aliviamos y le damos a paso a la
verdadera felicidad, que no es otra que la transformación del dolor en
luz y el miedo en cercanía.
Si, te encontrarás en un momento de terror o preso en situaciones que
constituyan una herida en tu vida, recuerda que detrás del miedo hay una
fuente de luz, y todo esto puede constituirse en un gran regalo para tu
vida. En la creación, todo es para ti, nada, absolutamente nada, es
contra ti.
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El bambú Japonés
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de una buena semilla,
buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para
impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: ¡ crece maldita!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto
para impacientes:
Siembras la semilla, la abonas y no te ocupas de regarla constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la
semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto puede
estar convencido de haber comprado semillas infértiles.
sin embargo, durante el séptimo año, en un período de seis semanas la planta de bambú
crece ¡ más de treinta metros! ¿Tarda solo seis semanas en crecer?
No, la verdad es que toma siete años de aparente inactividad. Este bambú estaba
generando un complejo sistema de raíces que le permitieron sostener el crecimiento que iba
a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas,
triunfos apresurados, sin entender que es simplemente resultado del crecimiento interno y
que éste requiere tiempo.
Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados a corto plazo
, abandonan justamente cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.
Es tarea difícil convencer al impaciente. Solo llegan al éxito aquellos que luchan en forma
perseverante y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera es necesario entender que muchas veces estaremos frente a situaciones
en las que creemos que nada está sucediendo.Y esto puede ser extremadamente frustran-
te. En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú
japonés y aceptar que , en tanto no bajemos los brazos, ni abandonemos por no “ver” el
resultado que esperamos, si está sucediendo algo dentro nuestro; estamos creciendo,
madurando. Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los
hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación, exigiendo cambios,
acción y paciencia. Tiempo…Como nos cuestan las esperas, que poco ejercitamos la paciencia
en este mundo agitado. Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer
del taxi…hacemos las cosas apurados sin saber porqué.
…Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos.
Abandonamos nuestros sueños…nos generamos patologías que provienen de la ansiedad,
del estrés…
¿Para qué?
Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes…quizás solo estés echando raíces.
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POR EL MAR DE LA VIDA
La actitud que tenemos ante la vida es lo que determina nuestro futuro,
más allá de la situación que estemos viviendo en la actualidad.
La vida es una suma de momentos. Algunos colmados de dicha, nos hacen
sentir plenamente afortunados, que todo marcha viento en popa. Ante
esa circunstancia, nuestro entusiasmo se renueva.
Pero, otras veces, un profundo pesar nos embarga, la desesperanza se
apodera de nuestra fuerza vital y nos resulta muy difícil albergar y
expresar pensamientos positivos.
La vida tiene su propia naturaleza, como todas las funciones del universo.
Una existencia siempre feliz, colmada de éxitos, sin razones para la pena
o el sufrimiento, es contraria a la naturaleza de la vida misma.
Del mismo modo que es una utopía cruzar el océano, de orilla a orilla, por
aguas serenas, sin encontrar tempestades, fuertes olas y cambios de
marea.
La vida es como ese océano por el que navegamos. Llegar al otro extremo,
plenos de dicha por haber disfrutado del viaje en lugar de hundirnos a
mitad de camino, es la victoria escencial.
Cualquiera sea la circunstancia que estemos enfrentando; por más
dolorosa que parezca la vida, siempre nos brinda una nueva oportunidad
de construir nuestra felicidad.
Nada es irremediable, si albergamos en nuestro corazón el deseo de ser
felices y de contribuir a la felicidad de los demás. Por eso a través de
una gran fortaleza interior, podremos enfrentar los embates de la vida.
Emprender ese noble viaje nos permitirá lograr un estado de vida tan
sólido que la palabra “derrota” desaparecerá de nuestro vocabulario y
de nuestra mente.
No importa las averías que tenga el navío si la determinación de llegar
plenamente felices es inquebrantable. Siempre habrá aguas serenas que
nos permitirán reparar la embarcación, reparar la embarcación y
continuar el viaje eternamente.
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¿HAS OÍDO EL CANTO DE ESE PÁJARO?
Los hindúes han creado una encantadora imagen para describir la relación entre Dios y su Creación.
Dios “danza” su Creación. El es su bailarín: su Creación es la danza. La danza es diferente del bailarín y sin embargo, no tiene independencia de El
No es algo que se pueda encerrar en una caja y llevárselo a su casa. En el momento en que el bailarín se detiene, la danza deja de existir. En su búsqueda de Dios incluso cuando contempla esta danza que llamamos creación, está todo el tiempo pensando, hablando (consigo mismo o con los demás), reflexionando, analizando, filosofando. Palabras, palabras, palabras…Ruido, ruido, ruido…Guarda silencio y mira la danza. Sencillamente, mira: una estrella, una flor, una hoja marchita, un pájaro, una piedra…cualquier fragmento de la danza sirve. Mira. Escucha. Huele. Toca. Saborea. Y seguramente no tardarás en verle a El, al Bailarín en persona.
El discípulo se quejaba constantemente, a su maestro Zen.” No haces
Más que ocultarme el secreto del último Zen”. Y se resistía a creer las
Consiguientes negativas del Maestro. Un día el Maestro se lo llevó a pasear con él por el monte. Mientras
Paseaban, oyeron cantar a un pájaro. “¿Has oído el canto de ese pájaro?”, le preguntó el Maestro. Sí respondió
el discípulo.
“Bien; ahora ya sabes que no te he estado ocultando nada”. Sí, asintió el
discípulo.
Si realmente has oído cantar a un pájaro, si realmente has visto un árbol…,
Deberías saber (más allá de las palabras y los conceptos).
¿Qué dices? ¿Qué has oído cantar a docenas de pájaros y has visto centenares de árboles?
Ya. Pero lo que has visto ¿era el árbol o su descripción? Cuando miras un árbol y ves un árbol, no has visto realmente a un árbol. Cuando miras un árbol y ves un milagro, entonces por fin has visto un árbol.
¿Alguna vez tu corazón se ha llenado de muda admiración cuando has oído el canto de un pájaro?
Del libro “El canto de los pájaros” de ANTHONI DE MELO.
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“EL VUELO DEL AGUILA REAL”

Cuenta la leyenda que un día el águila real, reina y señora de todas las aves,
tuvo que despedir a sus hijos del nido. Es que el tiempo de madurez era el necesario y debían depender por si solos para su sustento.
Pero el águila no quería hacerlo, temía por sus hijos, no sabía que podía pasarles si se alejaban de su lado y protección.
Entonces el águila sumergida en la angustia, elevó sus ojos al Dios de los cielos y exclamó esta oración:
“Padre celestial, sé que la hora ha llegado, que es el momento que vivan por ellos mismos su vida, sé que están listos porque les he enseñado. Pero no puedo evitar la angustia que siento en mi pecho, al saber que tengo que verlos partir, las lágrimas empañan mi vista aunque haya gozo en mi alma. Permíteme saber si su vida será de bien y si serán majestuosos sus vuelos.”
Entonces el águila bajó los ojos al nido y un rayo de sol le mostró dos hermosas y magníficas águilas reales. Y ella lo supo, se dio cuenta que nunca sabría de antemano como sería la vida de sus hijos.
Pero también descubrió con alegría que los hijos se esforzaban para alcanzar la meta a la que fueron llamados.
Y así el águila real bajó al nido para enviar a sus hijos en majestuoso vuelo.
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EL ARTE DE LA FELICIDAD

La felicidad no depende de lo que pasa a nuestro alrededor, sino de lo que pasa dentro de nosotros ;la felicidad se mide por el espíritu
con el cual nos enfrentamos a los problemas de la vida.
La felicidad es un asunto de valentía,
Es tan fácil sentirse deprimido y desesperado.
La felicidades un estado de la mente
No somos felices en tanto no decidamos serlo.
La felicidad no consiste en hacer siempre lo que queremos
Pero sí en querer todo lo que hagamos.
La felicidad nace de poner nuestros corazones en nuestro trabajo
Y de hacerlo con alegría y entusiasmo.
La felicidad no tiene recetas; cada quien la cocina
Con la sazón de la propia meditación.
La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida.
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YA ES TIEMPO
En
el perfil azul del horizonte, una promesa de
amor nos ha nacido…
Es tiempo de tomarnos de la mano y transitar el
rumbo convenido.
De saber, con certeza, a donde vamos, sin
olvidar de donde hemos venido.
Es
tiempo de rezar por nuestros muertos
y agradecer, por la aventura de estar vivos.
De
comenzar a disculparnos lo negado,
y de pedir perdón por lo omitido.
Es
tiempo de vivir la paz que proclamamos,
pero que aún, no todos, construimos; y de
buscar a la vuelta
del arado, la respuesta del surco con el trigo.
Es
tiempo de tener las manos limpias, para
amasar
el pan y compartirlo, y de mostrar,
con el ejemplo, a nuestros hijos, que
practicamos lo mismo que exigimos.
Es
tiempo de cultivar la “rosa blanca” y de
salir
al encuentro del amigo, para poder mirarnos a
los ojos
y ofrecer nuestros brazos extendidos.
Es
tiempo ya de levantar la frente
y comprobar que, por fin… ya ha amanecido.
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EL LUGAR DE TODAS LAS RESPUESTAS
Solo tienes que aprender a mirar en tu
interior, en ese lugar tan cercano y a la vez tan distante de tu entendimiento:
tu núcleo esencial, tu ser espiritual.
Allí se desarrolla tu aprendizaje y no en tu mente racional que te atormenta la
mayor parte del tiempo.
Encuéntrate con tus sentimientos y sentidos, despréndete de tu mente racional
(pensamientos, sensaciones, emociones) y encuéntrate con ese ser luminoso que
eres. ¡Hazlo ahora !
¡ No esperes el momento de tu muerte para lograrlo! Haciéndolo ya, puedes
comenzar a vivir en la verdadera Felicidad, Amor, Armonía y Paz.
Todas las características del espíritu que tu mente-cuerpo impiden
manifestarse.
-¿Alguna vez en tu vida has sentido un agradecimiento profundo por algo que te
haya sucedido?
-¿Alguna vez en tu vida has realizado un servicio compasivo hacia tus
semejantes?
-¿Alguna vez en tu vida te has emocionado ante la visión de una flor; de un
gorrión, de la lluvia, del susurro de un arroyo, de la magnificencia del cielo
diáfano o nublado, de los ojos de un anciano mirando a su nieto, de un apacible
lago o de las olas rompiendo en las rocas, de la arena en la playa deslizándose
entre los dedos de tus pies o el sonido al caminar sobre las hojas caídas del
otoño?
-¿Alguna vez en la vida has asistido al acto del nacimiento de un bebé, de un
animalito, de una planta? ¿Alguna vez en la vida has sentido tu corazón pleno
de amor puro, desinteresado, no condicionado, no posesivo?
-¿Alguna vez en la vida has vivenciado la armonía interior trascendente?
-¿Alguna vez en la vida has descubierto que Felicidad es sinónimo de Paz?
-¿Alguna vez en la vida has podido liberarte de la dualidad o de la
separatividad en la que generalmente vives, para sentir la Unidad?
Si la respuesta a alguna o a alguna de estas preguntas es Sí, entonces puedes
estar seguro que te has encontrado y entonces eres y serás felíz.
Y esto está ahí, en tu interior.
Para vibrar armoniosamente con esta energía transformadora, sagrada y
saludable.
Con meditaciones y otras técnicas de apertura del hemisferio cerebral derecho,
al ampliar la conciencia del ser y como resultado de un mayor autoconocimiento,
te brindará herramientas para que comiences a transitar hacia tu ser
espiritual.
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HUELLAS
Una
noche un hombre tuvo un sueño.
Soñó
que caminaba por la playa con el señor.
Por
el cielo cruzaban escenas de su vida.
Notó
que por cada escena, aparecían dos pares de huellas en la arena;
Unas
de él y otras del Señor.
Cuando
la última escena de su vida pasó delante de él,
miró
hacia las huellas en la arena.
Notó
que varias veces al pasar su vida, había visto un solo par de huellas.
Notó
también que ello sucedía en los momentos
más
deprimidos y tristes de su vida.
Esto
realmente lo aquietó y le preguntó
al
señor sobre ello.
_Señor,
dijiste que tan pronto me decidiera a seguirte,
tú
caminarías a mi lado todo el tiempo.
Pero
he notado que durante los momentos más penosos de mi vida,
hay
un solo par de huellas.
No
entiendo porqué, cuando más te necesité,
tú
pareces haberme abandonado.
_El
señor replicó: _Hijo mío,
te
amo y nunca te abandonaré, durante los momentos
de prueba y sufrimiento,
las
únicas huellas que verás serán las mías,
pues
en esos momentos,
yo
te cargaba.
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DENTRO
DE TI
Busca
dentro de ti la solución de todos los problemas, incluso de aquellos que creas
más exteriores o materiales.
Aun
para abrirte un camino en la selva virgen
Aun
para levantar un muro
Aun
para tender un puente
Has
de buscar antes en ti, el secreto
Dentro
de ti están tendidos ya todos los puentes
Todas
las arquitecturas están ya levantadas en tu interior
Pregunta
al arquitecto escondido: él te dará sus fórmulas.
Y
sabrás lo esencial de todos los problemas y se te enseñará la mejor de todas
las fórmulas.
Y
se te dará la más sólida de todas las herramientas.
Y
acertarás constantemente
Pues
dentro de ti
Llevas
la luz misteriosa de todos los secretos.
Amado
Nervo
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El
Anciano de los Días
Soy
el anciano de los días
que
recorre los tiempos sin tiempos y
sin
poder descansar
Soy
el anciano convertido en esa energía que impulsa
el
continuo devenir, que cambia
constantemente.
Soy
el iniciador de toda vida.
Soy
el que sabe lo que ha pasado y
soy
el que espera el momento oportuno
para
darse a conocer
Soy
yo, tú o los demás.
Soy
esa chispa divina que está
en
cada parte celular viva.
Soy
el que puede portar la espada
flamíguera
en el momento oportuno
de
cerrar ciclos
Soy,
sí soy, ése que tú piensas que
soy.
Para
ti, solo el anciano de los días.
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Solo
por Hoy
Solo
por hoy dejaré de pensar que soy mortal
Solo
por hoy trataré de recorrer las estrellas infinitas
hasta
fundirme en todas ellas.
Solo
por hoy me apartaré de esta triste realidad que es
la
materia densa en que vivimos.
Solo
por hoy me sentiré Dios, rey del universo y
con
mi vara mágica sanaré almas y cuerpos.
Solo
por hoy extirparé la maldad, las enfermedades
y
las plagas.
Solo
por hoy abriré los cielos para que descienda por ellos
la
luz e ilumine lo completo.
Solo
por hoy pensaré en los seres que iluminan
el universo todo.
Solo
por hoy derramaré amor, ternura, comprensión,
compasión
y humildad a granel.
Solo
por hoy por ti, humanidad toda
volver
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Canción de Cristo y el Alma
Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y de
contento,
y en su pastora puesto el
pensamiento,
y el pecho del amor muy
lastimado.
No llora por haberle amor
llagado,
que no se pena en verse
así afligido,
aunque en el corazón está
herido;
mas llora por pensar que
está olvidado.
Que sólo de pensar que
está olvidado
de su bella pastora, con
gran pena
se deja maltratar en
tierra ajena,
el pecho del amor muy
lastimado.
Y dice el pastorcico:
¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor
ha hecho ausencia,
y no quiere gozar de mi
presencia,
y el pecho del amor muy
lastimado!
Y al cabo de un gran rato
se ha encumbrado
sobre un árbol do abrió
sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado,
asido de ellos,
el pecho del amor muy
lastimado.
San Juan de la Cruz. Canción de
Cristo y el alma.
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La Historia de los Sentimientos
Se cuenta que una
vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de
los hombres. Cuándo el aburrimiento hablaba bostezando porque no hallaba qué
hacer, la locura les propuso, ¡vamos a jugar a las escondidas!!!
La intriga levantó la ceja y la curiosidad sin poder contenerse preguntó
¿a las escondidas, y cómo es eso??.
Es un juego, dijo la locura, en el cual yo me tapo la cara y empiezo a contar
desde el uno hasta mil, ustedes se esconden y cuando yo termine, al primero que
encuentre ocupara mi lugar,
para continuar el juego.
El entusiasmo bailó secundado por la euforia, la alegría dio tantos saltos que
terminó por convencer a la duda, he incluso a la apatía, a la que nunca le
interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar.
La verdad prefirió no esconderse, para qué si al final siempre la encuentran.
Y la soberbia opinó que era un juego muy tonto, en el fondo lo que le molestaba
era que la idea no hubiese sido de ella, y la cobardía prefirió no arriesgar.
Uno, dos, tres... comenzó a contar la locura.
El primero en esconderse fue el enojo, que como siempre se dejo caer en la
primera piedra del camino.
La fe subió al cielo, y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo, que
con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que encontraba le
parecía maravilloso para algunos de sus amigos.
Un lago cristalino fue ideal para la belleza. Un huequito de un árbol fue
perfecto para la timidez, un vuelo a la mariposa lo mejor para la voluptuosidad,
una ráfaga de viento magnífica para la libertad.
El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado
y cómodo pero sólo para él.
La mentira se escondió en los fondos de los océanos, y el olvido, se me olvidó
dónde se escondió.
Cuando la locura contaba novecientos noventa y nueve... el amor aún no había
encontrado un sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que
vio un hermoso rosedal y decidió esconderse entre sus flores...mil contó la
locura y comenzó a buscar...
El primero en aparecer fue el enojo a solo tres pasos de la piedra, después se
escuchó la fe discutiendo con Dios en el cielo sobre teología, y la pasión y el
deseo lo sintieron vibrar desde los volcanes.
En un descuido encontró a la envidia y claro así pudo decir dónde estaba el
triunfo.
El egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solito salió disparado de su escondite
que resultó ser un nido de avispas.
De tanto caminar la locura sintió sed, y al acercarse a un lago descubrió a la
belleza, y con la duda resultó más fácil, pues la encontró sentada sobre una
cerca sin decidir aún dónde esconderse.
A la angustia la encontró en una obscura cueva y a la mentira en el fondo del
océano, y hasta el olvido, que ya se le había olvidado dónde esconderse, lo
encontró...
Pero sólo el amor no aparecía por ningún sitio.
La locura buscó detrás de cada árbol, en cada lugar del planeta; en las cimas de
las montañas, en todos lados buscó, y cuando estaba por darse por vencida, vio
un rosedal y comenzó a mover sus ramas, las espinas habían herido los ojos al
amor, la locura no sabía qué hacer para disculparse...lloró.
Rogó, imploró perdón y hasta prometió ser su lazarillo...
Y desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la
tierra...
EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.
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Una vez era un hombre que no
hablaba
Una vez era un hombre que no hablaba
porque comprendía tantas cosas en cada cosa singular, que no acertaba a
expresarse. Los otros le llamaban tonto. Este hombre, cuando supo expresar todas
las cosas que comprendía en una sola cosa, hablaba más que nadie. Los otros le
llamaban charlatán. Cuando en todas las cosas distintas no vio ya sino una y la
misma cosa, porque había penetrado en el sentido y en la verdad de todo, ya no
volvió a hablar ni una sola palabra. Y los demás le llamaban loco.
Ramón Pérez de Ayala. Belarmino y
Apolonio.
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KHALIL GIBRAN
Nació
el 6 de enero de 1883 en Bcharri, un pueblo de Líbano y fue bautizado como
Ghibrán, hijo de Khalil, hijo de Gibrán (así firmaba sus poemas en árabe).
En 1885, a los 12 años, emigró a los Estados
Unidos y se radicó en Boston con su madre y sus hermanos, Pedro y Sultana.
Estudió inglés en el barrio chino y empezó a
perfeccionar la técnica de dibujo, una de sus pasiones, junto a la literatura,
desde muy pequeño.
Los años 1902 y 1903 fueron trágicos en su vida:
en pocos meses murieron los hermanos y la madre, dejándole una profunda tristeza
que no lo abandonó nunca más y que transmitió en sus escritos.
Cuando cumplió 23 años comenzó a publicar una
columna en árabe, con el título. “Lágrima y sonrisa”, en el diario Al Mohayer.
Se trataba de textos originales, con una métrica
libre y un contenido de honda espiritualidad cristiana.
Tres años después viajó a París, para completar
los estudios de dibujo y pintura. Allí conoció al escultor Gustave Rodín, quien
se transformó en su maestro y consejero. Al regresar a los Estados Unidos se
radicó en Nueva York, aunque cada verano viajaba a Boston buscando un refugio
tranquilo donde escribir y dibujar.
Como pintor, intentó crear un arte moderno en lo
formal con el espíritu de la antigüedad. Sus mejores obras son los lienzos :
Jesús, La Magdalena, Pedro y Juan, Mahoma y Avicena, Mutanabbi, Algazali y Alí
Ben Abi Taleb.
Como poeta, logró una síntesis entre la cultura
árabe, que vivió durante la infancia y que heredó de sus antepasados y de su
educación en la civilización occidental.
Escribió entre otras obras: El Profeta, Jesús el
Hijo del Hombre, Arena y Espuma, El Jardín del Profeta, Los Dioses de la Tierra
y Poemas y Parábolas.
Aunque solía confesar con humildad: “Aún no he
dicho mi palabra viva y alada. Una sola vida es corta para la misión del
escritor”.
El Profeta, considerado su mejor libro, contiene
una serie de máximas con su pensamiento más profundo, expresada por el personaje
“Profeta Amustafá” al “Pueblo de Orfalese”. Es su obra más difundida, sobre todo
en la Argentina.
Murió el 11 de abril de 1931, en el Hospital de
San Vicente de Nueva York. Al día siguiente, uno de los críticos escribió en su
columna del periódico: Con la muerte de Gibrán murió un Profeta. Siempre
escribió como inspirado e iluminado. Y es una suerte que tanto su pluma como su
pincel hayan recogido, antes de su muerte, las espigas de su mente fecunda”.
Esta
es una de las máximas del libro El Profeta
(próximamente iré reproduciendo las restantes…)
“EL
PROFETA”
NIÑOS
Y una mujer que
apretaba un niño contra su seno dijo
_ Háblanos de
los niños_
Y el respondió:
Vuestros hijos
no son hijos vuestros.
Son los hijos y
las hijas de la Vida, deseosa de perpetuarse.
Vienen a través
vuestro, pero no desde vosotros.
Y, aunque estén
con vosotros, no os pertenecen.
Podéis
brindarles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos
tienen sus propios pensamientos.
Podéis acoger
sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas
habitan en la casa del mañana, que vosotros no podéis visitar, ni aún en sueños.
Podéis
esforzaros en ser como ellos, pero no pretendáis hacerlos como vosotros.
Porque la vida
no retrocede ni se distrae con el ayer.
Vosotros sois el
arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son lanzados hacia
delante.
El arquero ve el
blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha
vaya veloz y lejana.
Dejad,
alegremente, que la mano del Flechero os doblegue;
Porque, así como
El ama la flecha que vuela, así ama también el arco, que es constante.
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